07 May

Cómo afecta el cáncer de colon a la alimentación

Llevar una alimentación sana y equilibrada es uno de los factores clave en la prevención del cáncer de colon. Pero cuando la enfermedad ya ha manifestado síntomas, y mucho más cuando se ha iniciado un tratamiento, la dieta cobra especial protagonismo. La razón no es otra que pueden aparecer efectos secundarios derivados, por un lado, del avance de la enfermedad y, por otro, de los diferentes tratamientos.

La alimentación puede verse muy afectada en pacientes de cáncer de colon. En algunos caos, esos efectos secundarios lo que generan son malestar y molestias, pero en otros pueden dificultar la ingesta de comida o incluso de bebida. Por eso es tan importante cuidarla, al fin y al cabo, el organismo sigue necesitando un aporte suficiente de nutrientes. Entre esos efectos secundarios cabe mencionar los siguientes:

Pérdida de apetito provocada por los tratamientos, por una sensación de pesadez o por cambios en el olfato y el gusto.

– Los cambios en el gusto pueden hacer los alimentos menos apetecibles, aportando un sabor amargo o demasiado acentuado, tanto si es dulce como salado.

Náuseas y vómitos, especialmente si el paciente sigue un tratamiento con quimioterapia. En algunos casos también pueden aparecer dificultades para tragar.

Diarrea o estreñimiento.

– Llagas en la boca, dolor de garganta y sequedad bucal que pueden dificultar la ingestión de alimentos y en ocasiones también de bebidas.

Todo ello puede hacer que llevar una alimentación correcta a veces sea complicado en pacientes que padecen cáncer de colon. Sin embargo, es fundamental esforzarse en mantener un peso adecuado y mantener una dieta que aporte al organismo todo aquello que necesite. Ambos aspectos son fundamentales para enfrentarse a la enfermedad en las mejores condiciones posibles.

Cuando surgen problemas o dificultades en la alimentación, el consejo básico es seguir las recomendaciones del oncólogo o de un nutricionista especializado. Ellos pueden dar unas pautas básicas o incluso diseñar una dieta adecuada que ayude a aliviar esos efectos secundarios.

Algunos consejos para mejorar la alimentación

Seguir una alimentación adecuada es fundamental siempre, pero lo es mucho más en personas que padecen cáncer de colon. El aporte adecuado de vitaminas, minerales, grasas, hidratos de carbono o proteínas, entre otros, ayuda a tolerar mejor los efectos secundarios de los tratamientos, reduce el riesgo de infecciones y contribuye a una mejor recuperación.

Cuando alimentarse correctamente supone un obstáculo, siempre hay pequeñas recomendaciones que ayudan a hacer las comidas más apetecibles y menos pesadas. Por supuesto, cualquier medida que se adopte debe ser consultada previamente con el especialista:

Tomar líquidos suficientes es fundamental para evitar el riesgo de deshidratación en personas que sufren cáncer de colon y también para evitar el estreñimiento. Y ese aporte de líquidos no solo se puede realizar bebiendo agua. Caldos, zumos o frutas con elevado contenido en agua son una buena alternativa.

Las proteínas se pueden aportar no solo a través de la carne. Si esta no resulta apetecible, pescados, huevos, lácteos o legumbres también las contienen en buena cantidad.

– En caso de aparición de úlceras en la boca, la recomendación es procesar los alimentos para que tengan texturas más suaves. Caldos y purés son perfectos. También es conveniente hidratarse bien para evitar la sequedad bucal que impide masticar y deglutir bien. Junto a ello, hay que olvidarse de alimentos ácidos.

– Si cuesta comer o aparecen náuseas con facilidad, cabe la posibilidad de aumentar el número de comidas, reduciendo la cantidad en cada una de ellas. Lo importante es asegurarse de que la alimentación aporta todos los nutrientes que el cuerpo necesita.

– Conviene evitar alimentos en exceso grasos, así como aquellos que puedan provocar gases.

Además de todas estas recomendaciones, en pacientes con cáncer de colon es importante acompañar esa alimentación adecuada con unos pequeños cambios en los hábitos de vida. Cuestiones tan sencillas como imponerse unos horarios regulares a la hora de comer o realizar algo de ejercicio diario también ayudan a sobrellevar esos efectos secundarios.

Y, una vez superada la enfermedad, es muy importante mantener esa alimentación equilibrada y esos hábitos de vida saludables. Todo ello, por supuesto, bajo un estricto criterio y seguimiento médico.